Al día siguiente mientras pensaba me llego un mensaje de número desconocido, obvie que era de ese chico A, decía algo como: me dejaste marcado el cuello chica postmo...
Creo que pasaron dos o tres semanas antes de volverlo a ver, en ese tiempo me enferme y empecé a estudiar para rendir las materias que me faltaban para terminar el secundario, nada muy interesante.
La primera vez que salimos fue un viernes, él me paso a búscar y fuimos a San Telmo, soy tan original y tan poco maníaca que le propuse ir a la “Puerta roja”, tomamos unas cervezas y un absente (si, si en francés y pensando en el romanticismo), la verdad que cada vez que vuelvo a tomar absente siento que pierde el efecto, no la tomo con la expectativa de que me de alucinaciones, ya que para mi eran todos juegos más que psicológicos, pero con la expectativa de una muy buena ebriedad, lo cual al principio sucedía, pero ahora nada.
Hablamos de algunos cuentos, le comente que dormía con la luz prendida, halago mi pulsera de huesitos, hablamos de alguna materia del cbc, en algunos momentos, la charla se volvía una pseudo presentación, lo cual me pone bastante incomoda, siento que la otra persona se esta intentando vender de alguna manera y que yo sigo el juego poniéndome en posición de comprador, alternando de vez en cuando con el rol de vendedora.
Después de terminar nuestras bebidas en el bar, le pregunte si quería ir a caminar, gracias a mi originalidad en pocos segundos nos encontrábamos caminando por Puerto Madero, nos sentamos en un banco frente al río, donde me contó que estudio taekwon-do, que era cinturón negro (de esto no estoy segura, tal vez me entere más tarde cuando hice investigaciones... ), de sus perras salchichas: Olivia, Sasha y Pimienta, un poco de la adolescencia. Después de un rato ya no hablábamos de nada, no se por que, pero siempre que me da un beso, no podemos parar de hacerlo y por eso ahora evito que me de besos en ciertos momentos, porque se que después de eso ya no podemos hablar muy enserio, si es que hablamos. Esa noche estaba llena de mosquitos por todos lados y vi pasar a una compañera de secundaria, la cual no tenia una buena imagen respecto a mi, aseguro que después de verme darme tales besos con A, me imagen ya no puede ser salvada, aunque me haga monja. Cuando empezó a refrescar nos dirigimos en busca de su auto, juro haberlo visto desde la esquina, en donde nos quedamos un rato abrazados antes de irnos, cuando retomamos el camino hacia la esquina el auto ya no se encontraba, lo cual me dio mucha risa, pero la disimule, sé que hay momentos donde uno no se puede reír de la desgracia ajena, más con el mal humor con que se tomo el no encontrar el auto, lo cual me daba más risa, cuando gritaba y daba insultos, al fin llamo a la mamá en busca de una solución, la cual le informo que el auto se encontraba a dos cuadras de mi casa en el estacionamiento que los dejaba el que te hace la multa, no se como se llaman, se que es una grúa los que los lleva. Le ofrecí mi compañía y guiarlo hacia el lugar, cuando llegamos empezó a gritarle a un empleado, el cual no tenía nada q ver con el levantamiento de su auto, le tiro la tarjeta de crédito en el mostrador de muy mal modo, le dije que nadie tenía la culpa ahí de lo de su auto, ya casi indignada, a lo cuál respondió tomando mi cara por la pera, de una manera muy fuerte y bruta, dándome un beso, mordiendo mi labio inferior, besos que después se harían característicos en él enojado y en él caliente. Después de presentar todas las cosas necesarias para retirar su auto me pregunto si quería ir a fumar un porro, le dije que no, que preferiría irme a casa, se ofreció a llevarme, aunque solo fueran dos cuadras. Antes de bajarme del auto observe que todavía conservaba mi pulsera de huesitos, pero no se la pedí, porque hablando de lo que cada uno haría al día siguiente, nos dimos cuenta que habíamos sido invitados al mismo lugar, la bomba de tiempo, un grupo de percusión, al que irían todos los ya habituales.
Al día siguiente pase a buscar a Luly por su casa y nos dirigimos al punto, donde nos encontraríamos con su chico, “el chiki”, con A y Guido (novio de Magui), para seguir camino hacía el lugar del recital y encontrarnos con Magui y Vir (chica amiga de Magui, que ya había conocido en ese cumpleaños). A y yo no hablamos casi nada a lo largo del camino, ni en la fila , ni una vez adentro, pero cuando empezamos a fumar, todos nos desinhibimos, empezamos a bailar, descubrí ese día que baila patéticamente mal, muy mal, es muy gracioso, no se como aguante la risa en ese momento, pero no deja de ser lindo en él. Entre tanta música y baile empezamos a besarnos, esta vez considerablemente mas fuerte, en menos de quince minutos, sus labios y los míos, se encontraban cubiertos de sangre, pero no parábamos sino para tocarlos sentir la pequeña herida y con más bronca, tal vez queriendo lastimar al otro es pos de venganza, volver a besarnos.
Después del concierto/ recital, lo que fuere, nos fuimos todos juntos a una odisea... encontrar un colectivo en medio de la nada, lo bueno fue que caminamos y yo pude, con El Chiki, comprar helado, lo cual casi nos cuesta el viaje, encontrándose todos adentro, tuvimos que correr para poder subir al colectivo y gritar que pare, pero valió la pena ya que pude comer todo el camino.
Todos, menos Magui y Guido, seguimos el viaje hasta la casa de Leo, el helado se acabo antes de llegar, considerando que lo compartía con “el Chiki, el viaje no fue muy largo. Llegamos y recordé que Leo era el chico, que las dos veces que había visto ( la plaza y navidad) me hablo de música, porque el tocaba el piano, esta vez me quede callada en su casa y un poco aburrida, lo bueno fue que pedimos una pizza que estaba buenísima, lo malo que era bastante aburrido estar ahí mientras los demás, los hombres, jugaban a la playstation, la verdad es que también tenía mucho sueño. A se acerco y me ofreció quedarme a dormir en su casa, le dije que si, pero después me fui con Luly, ya que El Chiki se había quedado dormido, A por suerte nos acompaño, no digo por suerte porque nos daba miedo, sino porque me gustaba que nos acompañe. En el camino hacía la casa de Luly perdí una apuesta, por la cual él pidió que aceptara volver a salir con él, obviamente así fue.
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